2/6/17

13. Metzili y Yue

Lid y Ellet aparecieron entre la maleza silenciosamente, como un par de espíritus. Lid levantó las orejas levemente, interpretando los suspiros del grupo. 
Así que aún seguían ahí los dos humanos, aquella hembra violenta y el crío raquítico.
Lloriqueó suavemente al oler la presencia dormida de Volk. Se acercó al enorme cuerpo inconsciente, dejando junto a él, el cuerpo muerto de un pequeño corzo que había cazado. Luego se acomodó contra la masa que formaba el cuerpo de su compañero y antes de apoyar la cabeza sobre su cuello para descansar, chupeteó la blanca oreja, en un gesto cariñoso.
•••••
Aeryn había sido completamente consciente de cuando el enorme lobo alado entró en el campamento y se acostó junto a la bestia blanca. También fue consciente de que el amphietere se había deslizado suavemente por la zona, hasta enroscarse cómodamente alrededor de Axel, disminuyendo su tamaño lo suficiente para poder meterse entre sus ropas. La presencia de aquellos dos le recordó la ausencia de Heilen, y tuvo que contener las ganas de abrir su muñequera para rastrearlo. Normalmente su falta no era problema, pero se sentó en minoría con el hombre-lobo, las dos criaturas y Axel. 
Estaba pensando en eso cuando el joven se despertó e internó en la espesura durante un buen rato, hasta que volvió cargando algunas de las piezas que habrían caído en las trampas que pusieron horas atrás. Aunque estaba tumbada junto a Skeith, vio como acariciaba las orejas de ambos lobos y susurraba algo a la criatura negra, que lo miraba con unos enormes y brillantes ojos amarillos. 
Decidió dejar de hacerse la dormida en el momento en que Axel volvió a acomodarse contra el vientre del lobo blanco, los bultos bajo su ropa se removían de vez en cuando, como buscando posturas más cómodas, mientras que él desollaba algunos conejos y dejaba otros colgados de unas ramas bajas, desangrándose sobre cuencos. 
Cuando se sentó, amagando un bostezo y se estiró, desde el fondo de su alma, Axel le dedicó una mirada rápida desde su posición. Skeith se removió en sueños, murmurando algo. Aeryn sintió un leve tirón cuando cambió de postura para poder hablar más cómodamente con Axel, y al girarse, se dio cuenta que el joven había agarrado su camiseta suavemente en algún momento. Con un movimiento lento, para no despertarlo, se soltó. 
En silencio se acercó a Axel, aunque no se atrevió a sentarse junto a él.
- ¿Hace cuánto tiempo dijiste que habías recogido a ese chico? - el joven pelo-verde habló a la vez que ella finalmente decidió sentarse frente a él, a una distancia prudente, pero lo suficientemente cerca para no tener que levantar la voz.
- Deben de haber pasado unas dos semanas, el barco en el que subimos tardó bastante en tocar tierra.
Axel asintió, mientras agarraba firmemente el cadáver del conejo que tenía en ese momento entre sus manos y tiraba, firme pero suave de la piel del animal. Aeryn hizo un leve gesto con la boca, que no pasó desapercibido para el otro .
- Espero no estar quitándote las ganas de comer carne. - sonrió , burlón.
- En realidad no, no soy fanática del conejo. - respondió, incómoda.
Axel rió entre dientes, terminando de desollar a la pobre criatura. Ella tragó saliva cuando el animal pasó de ser un adorable peluchito a  un engendro sin piel. Y eso que lo veía a la tenue luz de la hoguera, combinado con la luna llena. Aunque quizá fuera por eso que el aspecto del cadáver era tan desagradable.
- Esto no es nada... mañana Nao dará un espectáculo dantesco cuando se despierte.
Aeryn  apartó los ojos del animal, para mirarlo a él.
- No entiendo a qué te refieres.
- ¿Os pasáis la vida encarcelando hombres-lobo, y no sabéis lo que ocurre cuando no dan rienda suelta a sus instintos? Ese es un nivel de desinterés tremendo.
- No trato directamente con hombres-lobo en mi trabajo. Y para que lo sepas, tampoco los odio. En mi familia siempre ha habido presencia de hombres-lobo, todo el mundo sabe que bien entrenado, uno de ellos puede guardar una mansión. Su presencia es necesaria en la sociedad.
Él levantó una ceja al oír aquello.
- Vaya, quién lo diría. Por como te has portado con mi amigo nunca hubiera averiguado que los tienes en tan alta estima.
Aeryn decidió pasar por alto el tono molesto de Axel.
- A pesar de mi trabajo - continuó, tratado de escoger bien sus palabras - no tengo mucho trato con licántropos salvajes, te lo acabo de decir. Ademas, si los que están domesticado son irascibles e impredecibles, ¿ellos? - refiriéndose a Nao y aquellos como él, supuso Axel. Aunque no entendió el tono interrogante - supongo, y sólo supongo, que serán aún... ¿más?
Axel había cogido otro conejo y abierto de un tajo una raja a la altura del cuello para continuar despellejándolo. Seguía sin comprender porqué ella preguntaba en vez de hablar, por lo que levantó un poco la vista de lo que estaba haciendo. Ella parecía algo insegura e incómoda con la conversación.
- Entonces, ¿qué quieres decir con espectáculo dantesco? - ella quiso cambiar rápidamente de tema. Aunque no fuera a uno agradable.
- No me gustaría arruinarte la sorpresa. Pero me temo que será demasiado para ti y, sobre todo, para él - señaló a Skeith, quién ingenuo a todo, continuaba durmiendo plácidamente en el saco de Aeryn. Axel se llevó un dedo manchado de sangre a la barbilla, dejando un pequeño camino dibujado desde su labio inferior hasta el final de ésta. - Sabes que los licántropos se transforman para dar rienda suelta a la bestia con la que cohabitan en su propio cuerpo, ¿no? Eso ocurre una vez cada mes con Yue* y una vez al año con la gran luna, Metzili*. Las transformaciones se rigen por los ciclos lunares, y los instintos más primitivos salen dependiendo del poder que tengan las lunas sobre ellos. Metzili ejerce una mayor atracción que Yue, por lo que algunos hombre-lobo pueden mantenerse conscientes durante sus plenilunios, cosa que con Metzili no ocurre, porque su control en ellos es absoluto. Según las leyendas, Metzili es el Espíritu Aire y Yue el Espíritu Agua. Y como el agua fluye por un arroyo, indiferente a todo, a Yue no le importa que los hombre-lobo vaguen como prefieran. Metzili solo está llena una vez al año, y por eso no da tanta libertad, porque según ella, bastante tienen con Yue. - Aeryn asintió, conocía esas leyendas, así que espero a que Axel continuara - Hay licántropos que deciden dormir durante el plenilunio de Metzili. Ya has visto, una poción especialmente preparada, y caen profundamente dormidos, no sueñan, no se mueven, ni siquiera captan si están en peligro o no. Ahora mismo podrías matarlo - señaló a Volk - de no ser porque estamos Lid, Ellet y yo para evitarlo. Pero eso a Metzili no le gusta, y como venganza, con su poder, impide que ninguna de las dos mentes tomen el control hasta que el cuerpo pruebe la carne.
Axel terminó el relato con voz de ultratumba y una sonrisa tétrica pintada en la cara. Aeryn ni siquiera se inmutó.
- ¿De qué tendría que preocuparme entonces? El plenilunio no es de Metzili - replicó. Era demasiado obvio que Axel sólo quería asustarla. La risita que soltó él a continuación, hizo que tuviera ganas de arrearle con uno de los troncos incandescentes de la hoguera.
- Metzili no tiene poder suficiente como para volver locos a los hombre-lobo mientras ella no está plena en el cielo, pero si que puede afectar a uno que haya decidido dormir durante el plenilunio de Yue, al fin y al cabo, son las lunas quienes controlan a estos seres.
Notas: 
Metzili y Yue significan luna en maya y chino, respectivamente. 
Los ciclos lunares de ambas son independientes la una de la otra, Yue lleva un curso "natural" respecto a nuestro mundo, mientras que Metzili tiene una rotación más lenta.
Tras mi desaparición de dos meses, aquí subo el décimotercer capítulo. Espero que os guste, intentaré subir el siguiente pronto.

29/4/17

12. Plenilunio

Si no fuera porque Axel estaba ahí, Nao se hubiera dado de bruces contra el suelo.
De repente todo se volvió negro y el joven hombre-lobo dejó de ser consciente de lo que le rodeaba. Vagamente se enteraba de que le estaban hablando, ordenándole algo, pero no entendía nada. No veía nada. No sentía nada.
La voz de Axel resonó en su cabeza de repente.
"Dobla las rodillas" ordenaba. ¿Las rodillas? ¿Donde las tenía? Su propia imagen se dibujó en su cabeza, como estaba situado, dónde estaba su cuerpo. Sintió un pinchazo en el muslo. Porque eso era el muslo, ¿no?
"Sí" asintió Axel. Entonces, si era su muslo, quería decir que por debajo quedaba la rodilla. Las dobló.
Ay, que bien. Algo le acompañó hasta el suelo a la vez que se encorvaba sobre sí mismo, evitando de nuevo que se estrellase.
•••••
¿Cómo se les podía haber hecho tan tarde? Se decía Axel. Cuando hubo tumbado a Nao en el suelo, corrió hacia su bolsa y buscó el sedante. Como siempre, estaba guardado en una botellita de cristal, dentro de una bolsita de cuero, al fondo del macuto del hombre-lobo. Volvió al lado de su amigo, mientras Aeryn les observaba, estudiando la situación y con un par de armas que había sacado de quién sabe dónde.
- Por favor - pidió Axel, vertiendo el contenido de la botella entre los labios de Nao - deja tus prejuicios a un lado. Te prometo que no te pasará nada.
Ella no parecía muy segura, pero se acercó, guardando las armas, hacia ellos.
- ¿Qué necesitas? - preguntó, todavía sin fiarse mucho, y con una mano sujetando algo en un bolsillo.
- Desnudarle y tumbarlo de lado, antes de que se transforme, al ritmo que va, para cuando llegue Lid no podré hacerlo con ella.
Entonces ella terminó de acercarse al licántropo dormido, y Axel pudo respirar, aliviado. Aeryn le desnudó el torso sin poner pegas, mientras él le quitaba las botas, los pantalones y la ropa interior.
Batallaron durante un par de minutos con el cuerpo inerte de Nao y para poder ponerle de lado.
- ¡¿Pero cuánto pesa?! - jadeó Aeryn cuando terminaron. Ignoró deliberadamente la desnudez de su cuerpo. Se sentía relativamente tranquila y relajada, porque el licántropo no había reaccionado de ninguna manera a pesar de estar manipulándolo.
- Debe estar en los ochenta y cinco u ochenta y seis kilos. - contestó el pelo verde -. Ha perdido peso desde la última vez que lo vi.
- Pues no lo parece... - se quejó la rubia, sobándose la espalda.
- Verás cuando se transforme - rió él -. En su mejor momento creo que llegará a los mil trescientos kilos. Es de los lobos más grandes que hay en Tierra.
En ese momento empezó la transformación.
Aeryn y Skeith suspiraron de sorpresa al ver cómo el cuerpo del joven pelo plata aumentaba de tamaño, tomando la forma de un lobo. El pelaje parecía crecer como la hierba en los documentales, a cámara rápida. El rostro humano se deformó hasta crecer como un hocico, las orejas subieron hasta lo alto de la cabeza, la cara se cubrió de pelo. Las manos aumentaron de tamaño, mientras las uñas tomaban otra forma. La columna se extendió hasta dar paso a una cola peluda de casi un metro de largo. Y todo su cuerpo creció, hasta el punto en que Aeryn pensó que no iba a dejar de hacerlo nunca.
Pero antes de que se dieran cuenta, todo había terminado, y un enorme lobo, del tamaño de un caballo de tiro, ocupaba el lugar en el que había estado Nao.
- Ha... sido más tranquilo de lo que pensaba - susurró la chica -. Nunca había visto un transformación tan pacifica... Ni tan de cerca.
En ese momento el costado del animal se hinchó de aire durante unos segundos, antes de salir zumbando como un largo, larguísimo suspiro.
Skeith estaba escondido tras Aeryn y medio gritó de sorpresa ante el interminable suspiro del lobo. Parecía querer acercarse al enorme cuerpo inconsciente, pero no se atrevía.
- Si, bueno. El estado físico de los hombres-lobo también afecta a la transformación. Y encima a este lo hemos dormido, así que ha sido muy relajado. Aunque en situaciones normales Nao no tiene problemas para transformarse. Es un macho alfa-dominante.
Aeryn miró al lobo durante unos segundos. Un lobo alfa-dominante, ¿y que más?
- No se despertará, ¿verdad? Los alfa-dominantes son muy agresivos... - en ese momento, tuvo unas ganas tremendas de sacar el armamento pesado para contener hombres-bestia.
- Ni soñará - un estremecimiento recorrió a Axel de arriba a abajo - ¿Sabes que es lo mejor de tener un lobo de mil doscientos cincuenta y tres kilos durmiendo en tu campamento?
Ella le miró, interrogante cuando se levantó.
- Es mucho más efectivo el calor de esta mole de pelo y músculo que la fogata. Y yo vengo del sur, donde hace más calor. Así que, con tu permiso... - acomodó un poco el vientre del lobo y apartó una enorme pata trasera antes de acurrucarse entre la mata de pelo. Suspiró con satisfacción cuando sintió el cuerpo caliente del animal -. Ahora solo hay que esperar a que Lid y Ellet lleguen, mañana hará falta el cuidado materno y la carne que iré a recoger en unas horas. Mientras tanto, buenas noches.
Y tras decir aquello, Axel cerró los ojos, dando por finalizada la conversación, dejando a una rubia pasmada.
•••••
Tras quedar inconsciente, Nao se sentía flotar en medio de la basta y conocida oscuridad que lo rodeaba. Hacía mucho tiempo se rindió en  averiguar si estaba boca arriba o boca abajo. Simplemente esperaba a que el tiempo pasara. Y a que Volk se dignara a aparecer, cosa que no había hecho en los últimos tres meses.
No supo cuánto tiempo pasó hasta que sintió la presencia del lobo detrás suyo. Por fin.
Cuando giró la cabeza levemente, ahí estaba. Una enorme mole blanca, más grande que Lid por más de diez centímetros. Se dio la vuelta por completo antes de extender la mano hacia la nariz de la criatura. Cuando la tocó, no sintió nada. Por supuesto que no. Estaban dentro de su cabeza. Era como estar en el mundo de los sueños. Lo que tenía delante era una imagen de la conciencia del lobo con el que compartía cuerpo, al igual que él. Ambos escogían aparecerse en sus formas físicas, aunque a Nao alguna vez le había apetecido presentarse como una sanguijuela. O una rana. Quizá una mosca. No, una mosca no.
"Creí que no aparecerías" pensó. No hacía falta hablar. No ahí.
Con un ligero impulso flotó sobre el animal (¿o era el lobo quién estaba por encima y el pasaba por debajo?), mientras este le seguía con la mirada, girando un poco el cuello.
"No iba a hacerlo. Un debilucho como tú no es merecedor de mi presencia"
"Qué humilde" replicó, antes de preguntar. "¿Qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?"
"La humildad es de humanos" respondió el lobo. "Aunque no es algo de lo que pueda presumir esa mujer que se os ha unido"
"La has visto" susurró Nao. "Así que ha sido ella la que te ha hecho aparecer. ¿Debería agradecerle la próxima vez?"
El lobo le miró durante lo que parecieron horas. Nunca había sido bueno para medir el tiempo dentro de su propia mente.
"¿Estás seguro que, tras esta noche, volverás a abrir los ojos?"
"Eso espero. Aunque, de no hacerlo, tampoco sería un problema."
Volk gruñó, mostrando sus enormes colmillos. El pelo de su lomo se había erizado completamente, sus orejas estaban gachas sobre la cabeza. Si no fuera porque sabía que no podían matarse entre ellos, hubiera salido huyendo.
"Tu cuerpo no es solo tuyo, Nao. Ya va siendo hora de que lo aprendas"
Tenía razón, lo sabía, pero todos aquellos meses en las que su única compañía había sido Lid, le habían pasado factura. Porque ni siquiera Volk se había molestado en presentarse durante tres plenilunios, único momento en el que podían verse cara a cara. Y sin el apoyo de Nyuka, sentía que se perdía cada día un poco más, que dejaba de ser él. Siempre había sido débil ante la soledad.

2/4/17

11. Confiar

Instintivamente Nao quería alejarse de la plata que le colgaba de la muñeca, así que empezó a pasearse nervioso de un lado a otro, con la cadena tensa. Podía dar tres pasos en línea recta. Y seis y medio siguiendo la circunferencia. En resumidas cuentas, se estaba agobiando. 
Trató de no pensar en ello, pero no tenía mucho con lo que entretenerse. Lid estaba perdida en algún lugar, probablemente con Ellet. Axel había ido a intimar con el intento de caza-recompensas, y lo único con vida que quedaba en el campamento era el chico que parecía un ratón de campo. Y se dedicaba a examinarse los pies como si fueran lo más entretenido del mundo entero, ajeno a todo. 
Volvió a poner atención a su muñeca. La esposa debía estar hecha de plata, pero estar bañada de algún otro material, ya que no podía romperla y le estaba irritando la piel, sin provocar las laceraciones típicas. 
Gimoteó levemente tras unos segundos de examen. La angustia por sentirse atrapado iba en aumento. Siguió dando vueltas, sintiéndose incapaz de huir del único material capaz de matarlo. Y Lid seguía sin aparecer. 
Como continuara así, iba a acabar cavando un surco, así que tomó aire y se sentó. No sirvió de mucho.
Dejó de nuevo vagar la vista, y otra vez volvió a ver al chiquillo observarse y masajearse los pies por encima de las tristes botas de cuero, como si le doliesen. Ladeó un poco la cabeza y olfateó el aire. Si que olía levemente a sangre y pus, ¿la caza-recompensas sabría de aquellas heridas infectadas? Más bien diría que no, dudaba que permitiera que el chico paseara por ahí con heridas abiertas y pululentas. Dándose la vuelta, con intención de descansar, pensó "Esto no me incumbe". No tardó mucho en girarse de nuevo para volver a mirarlo.
La expresión del joven indicaba que le dolía, pero tampoco parecía querer hacer nada para curar las heridas. 
Bufó, molesto consigo mismo 
"Atado como estás, tampoco puedes hacer nada, Nao." Se dijo "Dudo mucho que él se acerque solo, por muy buenas intenciones que tengas" Mucho menos después de aquella demostración de desprecio de la que la humana había hecho gala. 
Tras un rato de debatir, decidió que no podía hacer nada, mucho menos estando... se le escapó una sonrisilla. 
Jodido Axel, no había cerrado del todo la esposa para que pudiera sacar la mano fácilmente.
· · · · · ·
Axel iba un par de pasos más adelantado que la joven, sus ojos no se quedaban quietos, mientras buscaba el mejor sito donde empezar a poner las trampas para conejos. Eso se le daba genial a Nao, con su oído súper desarrollado era capaz de encontrar las madrigueras y decidir donde colocar las trampas para que los animales cayeran en el momento. 
Una leve tos detrás suyo, llamó su atención. Se había olvidado completa y momentáneamente de que Aeryn estaba ahí, y que había sido él quien había insistido para que lo acompañara. 
Se giró sonriente, esperando que ella hablara.
- ¿Qué tienes intención de cazar? - ver la expresión de Axel hizo que ella diera un par de pasos atrás. ¿Por qué demonios estaba tan sonriente?
- No mucho - respondió tras un momento -. Sólo algo para que mañana podamos aplacar los instintos de Nao. 
Aeryn frunció el ceño. Aplacar ¿qué? ¿Había oído bien?
- Nao va a tomarse esta noche unos sedantes. Con tu presencia y la fantástica cita que tuvimos anoche, no quiero que Volk* se mosquee mucho. Ya sabes, los lobos tienen a ser temperamentales, y las noches de plenilunio los sobreexcita. Pensé en eso para que no sintieras la necesidad de matar a mi amigo de la infancia. - dijo aquello con tono de broma, pero Aeryn sintió que era una amenaza escondida.
- ¡¿Vamos a cazarle la comida a un cazador?! - Axel asintió alegremente.
- ¡Vamos! Todavía quedan trampas que poner. No te preocupes por recordar dónde las dejas, con que me avises es suficiente. Vendré a recoger las piezas antes del amanecer.
· · · · ·
De nuevo, Axel fue el primero en entrar al campamento, y cuando vio la cara del licántropo, supo enseguida que había hecho algo que no debía. Eso, y que no estaba donde lo había dejado antes de irse. Aquella era la cara que ponía un cachorro cuando le pillaban en medio de una travesura. Cuando se dio cuenta que era lo que había hecho, casi se empezó a reír. Pero aguantó. Tenía que hacerlo si no quería que Aeryn la tomara aún más con él. 
Así que con un gesto de la cabeza le indicó que volviera a su sitio, pero el muy imbécil se arrastró dentro de unos arbustos, dejando a un pobre Skeith confuso en su sitio, con un vendaje en el pie a medio terminar. 
Un instante después de que Nao desapareciera, Aeryn salió de detrás de su espalda, llamando al chico moreno. 
Antes de que ella se diera cuenta que faltaba alguien, Axel se puso delante de la estaca clavada en el suelo, y empujó la cadena hacia un arbusto. Nao salió disimuladamente y volvió a colocarse la esposa en la muñeca.
- ¿Qué te ha pasado? - exclamó la joven al ver el pie a medio vendar. - ¿Por qué te has tenido que poner eso?
Nao bufó cuando Aeryn empezó a retirar las vendas sin colocar. Ella soltó una exclamación exagerada cuando descubrió la piel y vio la cantidad de heridas y rozaduras. Apresurada, le quitó la zapatilla para encontrar que el otro pie estaba en las mismas, pero con la venda bien colocada. 
Aeryn parecía dolida. Skeith no confiaba en ella y había esperado a que no estuviera para vendarse las heridas.
- ¿Cuándo te las hiciste? - preguntó, tratando de sonar comprensiva. Pero era difícil. Había sacado a Skeith del maldito prostíbulo, le había dado ropa y zapatos... ¿y él era incapaz de decirle que estaba herido? Tenía en las plantas de ambos pies heridas hechas con objetos punzantes y ampollas abiertas, rozaduras en todos los dedos y el empeine.
- No quería preocuparte - la excusa del chico llegó vagamente a sus oídos -. Me las he estado curando solo, pero no lo he hecho bien y Nao...
Tras escuchar aquellas palabras, los dos hombres saltaron en su sitio cuando Aeryn se giró violentamente hacia ellos. Skeith, dándose cuenta de su error agarró los pantalones de la mujer. 
- Él las limpió y curó - dijo tratando de arreglar la situación -. De verdad, Aeryn, me ha ayudado.
- ¿Cómo puedes confiar en un hombre-lobo antes que en mi? - dejó salir lo que pensaba, sin darse cuenta.
Oh, oh. Axel y Nao querían desaparecer de allí y estuvieron a punto de hacerlo, de no ser porque la noche se les había echado encima y algo en el interior de Nao empezó a cambiar.

29/3/17

10. De caza

El hombre-lobo gruñía como un diablo enfurecido después de escuchar aquello.
Skeith retrocedió asustado, mirando los tremendos colmillos blancos que nacían de las encías rosas. Estaba seguro que no eran tan grandes hacía dos segundos. La garganta le vibraba por la fuerza del gruñido. Axel se interpuso entre él y ellos, haciendo de pantalla, medio abrazando el pecho del licántropo.
Aeryn había sacado un par de pistolas, sostenía cada una en una mano y una daga con hoja de plata colgaba de su diestra. Apuntaba a la cabeza de ambos.
- Mas te vale controlar a esa... esa cosa, si no quieres que lo haga yo - susurró.
- A ti te convendría cerrar la boca y dejar de tentar a tu suerte - siseó Axel, haciendo fuerza. Nao agarraba y tiraba de la espalda de su camiseta, como si así pudiera mantener el control. - Es muy mal día para hacer enfurecer a un hombre-lobo, quedan horas para el plenilunio y su influencia se nota desde ayer.
Aeryn también parecía al límite.
- Estas arriesgándote a que no te preste mi ayuda, Axel. - las manos no le temblaban ni un ápice. Si disparaba, no se arrepentiría.
Axel siseó cuando Nao embistió, tratando de liberarse, provocando que sus cuerpos se sacudieran, a duras penas se mantuvo inamovible en su sitio, sin cambiar su postura y manteniendo el agarre sobre su amigo. Nao no dejaba de gruñir, y la actitud de la mujer sólo empeoraba la situación. Harto de todo aquello y con unas tremendas ganas de golpear a alguien, encaró al licántropo, agarrando su camiseta. Una vez lo tuvo bien sujeto, pateó su pierna dominante, tirándolo al suelo e inmovilizándolo con una llave. 
Una vez resueltas sus ganas, se giró bruscamente hacia Aeryn, con una expresión que no admitía réplica en los ojos y dijo:
- Esto es lo que haremos. Te ayudaremos en lo que haga falta sobre el tema del tío de anoche mientras viajemos juntos. No sé cuánto puede costar pasar de un Continente a otro. Y menos si tenemos la luna en nuestra contra. Si esta noche surge algún contratiempo durante el plenilunio, tendremos que viajar a cualquier otro puerto para poder largarnos - al decir aquello, volvió a mirar a Nao, advirtiéndole con una mirada -. Y esta noche no habrá problemas porque vas a quedarte dormido, ¿verdad?
El hombre-lobo gruñó como respuesta y en el momento en que Axel se quitó de encima suyo, se apresuró a ponerse de pie y darles la espalda a todos. Paseó como un animal encerrado por el borde del campamento, bufando y gruñendo cada vez más fuerte.
Aeryn aún no había bajado las armas, ni perdido su postura de combate. Seguía tensa cuando Nao la dirigió una mirada amenazadora desde la otra punta. Era increíble lo mucho que parecía un lobo en ese momento, sus ojos resaltaban bajo las sombras de los árboles, una mirada aún más salvaje y peligrosa que la de sus congéneres encerrados en jaulas en el resto de los Continentes.
Axel se acercó a su katana, que tenía el mango apoyado en su macuto, como advertencia.
- Bien, hay que prepararse para la fiesta. Tú, ¿sabes cazar? - cambió de tema de forma radical, señalando a Aeryn con la cabeza. Su idea era llevarse a la joven de allí y poder tener una conversación tranquilamente con ella, sin hombres-lobo o pequeñas e inocentes doncellas presentes.
- Claro que sé cazar. Fugitivos. Desde los trece años. - replicó indignada, como si la hubiera insultado.
- Yo me refiero a animales. Para comer. - Axel hizo un gesto con la mano, como si se llevara algo a la boca.
Ella se quedó en silencio un momento.
- ¿Hay que despiezar lo que cacemos? - Axel la miró como si la respuesta fuese obvia. Ella tragó saliva para afirmar. - Sé cazar. Pero no pienso desollar ningún animal.
Axel aceptó con un asentimiento de cabeza y con un gesto de la mano, la instó a seguirlo. Pero cuando Aeryn vio que iban a salir del campamento, y que Skeith y Nao iban a quedarse solos se detuvo en seco.
- ¿No viene él? - preguntó señalando al hombre-lobo. El de pelo verde se giró a mirarlo.
- No es conveniente estimular a un licántropo en la caza justo antes de la luna llena. No es absolutamente una buena idea. Y quiero que esta noche duerma, así que no, no viene. - tal y como lo dijo, no admitía réplica, por muy caza-recompensas que fueras. Aeryn bien podría haber sido la hija del rey del inframundo y la respuesta hubiera sido la misma.
Ante aquello, la joven se llevó una mano al cinturón y sacó uno de sus equipos de contención de hombres-lobo. El menos agresivo, para que Axel no pusiera pegas. Sólo una cadena de plata de alrededor de un metro y medio de largo, una esposa especialmente diseñada y una estaca de hierro que clavó rápidamente en el suelo cerca de Nao.
- Esto es solo por precaución. - trató de convencer a Axel. Para cuando se levantó, esposa en mano, y quiso acercarse al hombre-lobo, este se alejó de un salto, gruñendo levemente. Aeryn empezaba a hartarse de él y sus gruñidos.
Fue Axel quien acabó cerrando la esposa alrededor de la muñeca de Nao, suspirando, mientras el otro le miraba como si le estuvieran traicionado.
- Aguanta un poco - le susurró -. Será sólo unos días. En cuanto pisemos un barco podremos olvidarnos de ella.
- De ella y de Lid - replicó Nao
Axel le miró a los ojos.
- Lid seguirá con nosotros. Por mucho que ella la quiera.
Cuando los dos se internaron en la espesura, para conseguir su desayuno, Nao pensó que con tal de seguir con Lid, sería capaz de quedarse junto aquella chica prepotente por el resto de su vida. Aunque lo usara como guarda para un terreno. O como una máquina de hacer dinero mediante las peleas. Sin Lid, él no aguantaría.

9. La pregunta

Cuando Nao abrió los ojos finalmente, ya era medio día. Y lo primero que vio fue el rostro de Axel cubriendo la luz de los soles. Cuando se apartó de su campo de visión, le siguió con la mirada, todavía algo atontado por el despertar.
- ¿Cómo me habías dicho? - le escuchó farfullar -. ¡Ah si! "En dos horas estaré como nuevo" "En un par de horas, las heridas habrán cerrado" - dijo imitando su tono de voz. Le vio llenar un cuenco de arcilla con agua y acercarse de nuevo. - "En un par de horas empezaré a convulsionar porque la daga con la que me atacaron era demoníaca y envenenó mi sangre" Oh, sí. ¿Sabes dónde puedes meterte tu par de horas? 
Mientras Axel despotricaba, Nao se incorporó, levantando una ceja. Las heridas le dolían menos y sentía que había recuperado parte de su fuerza.
Cuando alzó la vista para buscar a Lid, estuvo a punto de tirar el agua. Al otro lado de la fogata había dos humanos observándole. Tenía vagos recuerdos de la mujer antes de caer inconsciente. Le metió un codazo a Axel tras dirigirles otra rápida mirada.
- Axel... ¡Axel! - llamó con urgencia - Hay dos humanos en el campamento.
El mencionado se incorporó, dejando lo que estaba haciendo para encararle y soltarle una colleja*.
- ¿¡No me digas!? - exclamó, levantando los brazos, dramático. - ¡No me había dado cuenta! ¡¿Cómo te has enterado?!
Nao refunfuñó, volviendo a mirar a los... invitados, con el ceño fruncido. La joven trataba de matarle con la mirada, sus ojos azules parecían dos bloques de hielo. De un glaciar. Dos bloques que se habían desprendido para aplastar todo lo que estuviera en su camino. Y en su camino estaba él. Se arrastró disimuladamente hacia atrás, queriendo alejarse de una situación absolutamente tensa e incómoda. No llegó muy lejos porque chocó contra las rodillas de Axel.
- ¿A dónde te crees que vas? - preguntó el pelo-verde, levantando la ceja. Empujó con las rodillas, devolviendo al hombre-lobo a su sitio y se sentó a su lado.
Axel se frotó las manos, tratando de encontrar las palabras adecuadas a la situación. Decidió empezar por Nao. Así que se giró hacia él y le llamó. Cuando este levantó la vista de sus uñas, donde había decidido refugiarse y lo miró, empezó.
- Nao, ella es Aeryn. Hija de los caza-tesoros y caza-recompensas mas famosos y ricos del Continente Aire - explicó -. El tipo que te atacó anoche es a quién está buscando. Está acusado de asesinato y su orden de busca y captura fue emitida hace algo más de seis meses.
Nao le miraba como si estuviera narrándole el cuento mas aburrido de la historia. Sus ojos parecían decir "¿Y a mí, qué?", así que decidió atajar con el tema delicado. Cogió aire antes de continuar. El "¿A mi qué?" de su amigo probablemente pasara a ser una serie de gruñidos indescifrables con lo siguiente que iba a decir. Cuando abrió la boca para hablar, fue interrumpido.
- No entiendo que tiene que ver todo esto con esta bestia - dijo Aeryn. El pelo-verde se quedó con la boca abierta.
- Viajamos con él. - respondió, tratando de sonar asertivo. Joder. De verdad, DE VERDAD, que necesitaban a aquella chica para poder continuar. La noche anterior estaban teniendo problemas porque no sabían como funcionaba la burocracia para que un humano abandonara del Continente,  menos sabían que era necesario para que lo hiciera un hombre-lobo. Pero si ella se negaba a dejar aquella actitud despectiva, todos sus planes habrían sido en vano. - No sé tú, pero cuando viajo con alguien, me gusta tener a esa persona informada.
Aeryn rió.
- Exacto. Persona. Eso - señaló a Nao - debería limitarse a seguir órdenes. Que para eso es un hombre-lobo, los animales deben obedecer a sus dueños.
Axel se mordió la lengua, aguantando las ganas de soltar todo lo que se apelotonaba en su boca. Como todos los humanos fueran así, a él también iban a ponerle una orden de busca y captura. Por genocidio. No se iba a limitar en hacer un trabajo a medias.
Suspiró, llevándose las manos a las sienes, tratando de tranquilizarse.
A todo eso, Nao había estado muy callado con todo aquello.
Miraba a la joven con resentimiento y odio, pero no parecía dispuesto a replicar.
Aeryn sonrió con suficiencia, interpretando aquella mirada como un punto a favor.
- Una vez aclarado esto, vayamos al punto. Yo puedo haceros abordar un barco pero, ¿qué puedes ofrecerme tu a mi, a cambio de mi ayuda?
Y ahí estaba, La Pregunta, con mayúsculas. Axel no tenía ni idea de qué otra cosa, aparte de la poca información que le había dado durante la noche, podía querer alguien como ella. Estaba empezando a replantearse su plan, sólo porque acabara aquel odio irracional hacia Nao.
-Yo te diré lo que quiero - atajó -. Quiero a ese lobo alado.

15/3/17

8. ¿Quién eres?

Nao no se inmutó cuando la joven se levantó de un salto gritando, ni cuando le dirigió una mirada de desprecio que podría haber sumido en la miseria a alguien menos experimentado.
A eso se refería exactamente con los humanos, despreciaban a cualquiera que no fuera como ellos, que no tuviera su sangre o su ansia destructiva. Desde el principio no había dicho nada, aunque no estaba de acuerdo en que ella le tratara las heridas, al fin y al cabo, más temprano que tarde, hubieran sanado solas. Pero Axel se había echo a un lado, y Nao confiaba en él. Aunque su amigo probablemente ni siquiera hubiera llegado a imaginar lo que se avecinaba. Ignorándole por completo, ella se giró hacia Axel, recriminándole con la mirada.
- ¡Es un hombre-lobo! - gritó - ¡Es un hombre-lobo y no me habías avisado!
Axel, quien había vuelto a desenvainar su katana, se había levantado en toda su estatura y se mostraba amenazador.
- Fuiste tú la que insistió en curarlo - no le hizo falta levantar la voz. 
Ella no se amilanó, pero levantó un dedo acusador.
- Eso es mentir. Me engañaste. Todos los hombre-lobo deben estar identificados. Podría encerrarte por esto. - La voz de la joven era venenosa y estaba cargada de desprecio. 
Axel, repentinamente más calmado, la observó durante largos segundos y Nao pudo apreciar que estaba tramando algo, conocía muy bien ese brillo sospechoso en sus ojos. 
Pero la joven no parecía dispuesta a colaborar, a pesar de la leve tregua que el de pelo verde estaba dispuesto a ofrecer. 
De uno de los abalorios que decoraban sus muñecas se había elevado una pequeña pantalla holográfica, y escribía rápidamente en un teclado oculto en la muñequera metálica. 
Algo interrumpió lo que hacía. El niño que la acompañaba gritó y saltó hacia ella a la vez que Lid y Ellet entraban a lo que había sido su campamento. 
Ambos sintieron que podían respirar tranquilos al ver a sus compañeras, ninguna parecía herida a simple vista. 
Lid se acercó lloriqueando al verlo tumbado, siendo incapaz de levantarse solo. 
Cuando le acarició el rostro con la nariz, acaricio su enorme y negro belfo, gimoteando suavemente para hacerle saber que estaba bien, a pesar del olor de la sangre que impregnaba sus narices. 
Axel hacía lo propio con Ellet, acariciaba sus crines y barbilla suavemente, susurrando. 
Nao se agarro de las orejas de Lid cuando ella apoyó la cabeza en su cuerpo, cuando estuvo sujeto, tiró de él para ponerlo en pie. No se apartó, hasta que pudo mantenerse en pie. Aunque sólo fuera eso y no tuviera fuerza para andar. Por lo menos no parecería un saco roto en el suelo. 
Ambos volvieron a prestar atención a su alrededor, cuando escucharon un sollozo y una retahíla de palabras incomprensibles que dijo la joven cuando vio al hombre-lobo en pie. 
Axel suspiró exasperado y se acercó a Nao para asegurar que se encontraba bien.
- En un par de horas las heridas habrán cerrado - le hizo saber, antes de que abriera la boca para preguntar. Él asintió levemente para acercarse a la joven.
- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó bruscamente, cortando de lleno sus quejas sobre hacer llorar al chico con aquellas bestias salvajes. 
La joven frunció ligeramente el ceño al verse ignorada. Y estuvo tentada de no abrir la boca y largarse de allí. Pero necesitaba toda la información posible sobre el fugitivo, y quizá él supiese algo más que la ayudara a capturarlo. 
Al final respondió con un suspiro.
- Aeryn. Aeryn Altet. Vengo del Continente Viento, como agente caza-recompensas. Estaba rastreando al tipo que te ha atacado. 
Axel se guardó para sí que no era a él al quien quería, pero decidió seguirle el juego, la necesitaban para poder continuar. Sería más fácil y rápido.
-Yo soy Axel, de los territorios del este. Vengo de las selvas del Continente. - hizo una venia con la mano, para acompañar su presentación. - Me acompañan Nao, de las tierras del Norte, y nuestras compañeras, Ellet y Lid. 
Aeryn ignoró por completo la presentación de Nao, mientras se giraba hacia el joven que la acompañaba.
-Él es Skeith, empezamos a viajar juntos cuando nos cruzamos en el Continente Fuego, de donde proviene. - pareció darse cuenta de algo -. Skeith, ¿dónde está Heilen? Te dije que te quedaras con él. 
El llamado Skeith se encogió al oír la pregunta. 
- Yo no quería desobedecer, te lo prometo. - fue lo primero que dijo. Parecía desesperado porque ella le creyera -. Pero Heilen de repente salió volando. Lo seguí hasta aquí, no sé dónde puede estar ahora. Yo vine con él, te lo juro. Nunca habría desobedecido sin una buena razón. - para ese momento le temblaba la voz y parecía al borde del llanto de nuevo. 
Nao levantó una ceja al ver una reacción tan exagerada, supo que Axel volvía a perder la paciencia por el leve cambio de tensión en su cuerpo. Quiso decir algo para que su amigo volviera a relajarse, sabía que los lloricas como el joven acababan con sus nervios. 
- Skeith, no hace falta ponerse nervioso - por alguna razón, Nao había imaginado que Aeryn trataría al chico con tanta frialdad como a ellos, pero cuando habló, su voz salió suave y comprensiva -. Heilen está entrenado para actuar por su cuenta, probablemente esté haciendo eso ahora mismo. Puedo monitorear su posición. - le dijo para tranquilizarlo.
· · · · · ·

Axel bufó exasperado, las moñerías como aquella le atacaban los nervios. En el Continente Tierra lideraba la ley del más fuerte y, claramente, aquel chaval moriría rápidamente si le dejaban sólo. Quiso decir algo, pero Nao acabó en el suelo de la nada y con aquello se olvidó de todo.