21/8/17

25.

En un silencio incómodo después de la pelea, los cuatro se habían ido a dormir, cada uno por su lado. Por eso, cuando Skeith despertó, se sorprendió de ver a Aeryn, Axel y Nao al rededor de los restos de la fogata, hablando como si no hubiera ocurrido nada.
Se levantó y fue a sentarse tímidamente cerca de Aeryn, esperando poder enterarse de, al menos, como habían solucionado las discusiones de la noche anterior. Ella le echó un rápido vistazo antes de pasarle un cuenco de arcilla cargado de un cocktel de pequeñas frutas moradas y rojas. Sorprendido, porque era la primera vez que comía algo a parte de los snacks nutritivos, jugueteó con un arándano rojo entre sus dedos, antes de llevárselo a la boca. La acidez de la a fruta inundó su paladar, al contrario que las galletas que llevaba semanas comiendo.
En ese momento se dio cuenta que los tres le miraban fijamente. Iba a dejar el cuenco en el suelo, sintiéndose intimidado, pensando que quizá había hecho algo mal, cuando la mano de Nao le obligó a sujetarlo.
- Son para ti - dijo, sin apartar sus increíbles ojos plateados de él. Skeith, dudoso, volvió a sujetar el cuenco, apoyándolo en su rodilla, para mirar alternativamente los frutos y a sus compañeros.
Aeryn era quién lo miraba más intensamente, impaciente, esperando que se llevara otro arándano a la boca. Al saberse observado con tanta intensidad, el poco apetito que tenía desapareció.
Después de varios segundos en los que vieron que Skeith no tenía intención alguna de volver a probar bocado, Aeryn y Nao suspiraron, mientras Axel, a quién no le importaba la pequeña apuesta que habían echo esos dos roía un par de pequeños ratones asados que había cazado el licántropo esa mañana mientras buscaba los arándanos.
- Bien - dijo el pelo verde en voz alta, llamando la atención de los otros tres -. Estabas explicándonos qué demonios tenemos que hacer para poder subir a un barco.
Aeryn, quien había cogido otro cuenco con frutos y los mezclaba con los snacks, tragó antes de contestar.
- Desde hace cinco años es necesario el uso de microchips implantados en el antebrazo para poder viajar entre Continentes - explicó la rubia.
Nao y Axel hicieron una mueca con los labios, inconformes. Ella suspiró.
- ¿Cómo pensabais salir de aquí?
- Con papeles - dijeron a la vez después de mirarse durante unos segundos.
- ¿Y ya está? ¿ Con un papel que diga, "estos dos pueden viajar" creéis que es suficiente? Sois dos hombres-bestia, no podéis pasearos por Continentes como Fuego o Aire sin la supervisión de un humano - Aeryn estuvo a punto de reírse de las expresiones que pusieron ambos -. Pero estáis de suerte, por que podéis contar a favor con una caza-recompensas con autoridad suficiente como para registraros como criaturas no peligrosas - sonreía orgullosa al decir eso.
- ¿Dónde está el truco? - preguntó Axel, con el ceño fruncido.
- Aquí hay truco- dijo el licántropo a la vez, con una ceja levantada.
- Seguiremos juntos hasta que consiga atrapar al asesino en serie - contestó ella tras unos segundos de silencio -. Me conviene viajar con vosotros... contigo - miró a Nao - para poder capturarlo y terminar mi trabajo de una vez. Si buscan Guardianes de Templos y tú eres realmente uno, volverá a por ti - Aeryn cruzó los brazos para dar a entender que no iban a hacerle cambiar de opinión.
Los dos tíos se miraron con los ojos bien abiertos y una expresión estúpida en la cara.
* * * * *
Notas:
Capítulo muy, muy, muy cortito, pero quería solidarizarme con las víctimas del terrorismo del atentado de ayer en Barcelona...
Que un grupo de fanáticos se dediquen a matar y sembrar el terror es absolutamente repugnante. 
Todos somos Barcelona, todos somos víctimas y cualquier tipo de violencia debe ser castigada. 

13/8/17

24. Hablemos

Nao suspiró de alivio al sentir el agua fría recorrerle el brazo. Ni siquiera le importó que Aeryn creyese aún que su sangre podía "infectar" a alguien, no mientras que la lengua húmeda de Lid ayudase a calmar el escozor y el dolor que provocaba el músculo descubierto al entrar en contacto con el aire.
Después de varios lametones, la piel comenzó a tensarse y a hormiguear. Si hubiera un poco más de luz, podría ver cómo los bordes abiertos se iban estirando y regenerando poco a poco mientras el mordisco se iba cerrando. No había nada como la saliva de lobo alado pasada por agua para curar cualquier herida, por muy profunda que fuese. Ayudada por supuesto, por una alta capacidad de regeneración gracias a la licantropía. Una vez que hubo terminado con el hombro, repitió el proceso de limpiar el desgarrón del costado, y dejarse hacer por Lid.
Finalmente, recogió la camiseta que se había quitado, extendiéndola frente a él y frunció el ceño. Estaba destrozada. Los jirones colgaban sobre todo del hombro y un tajo se abría a la altura del costado, mucho más grande que el daño que le había provocado el wendigo con el cuerno. Nao suspiró, no le quedaba mucha más ropa, y la poca que tenía la compartía con Axel porque era más abrigada. Sin mencionar el suéter que Skeith continuaba usando.
Se acercó a la fogata y lanzó el trozo de tela al fuego, tras dejarse caer al suelo, con las piernas cruzadas.
- Podríamos haberle sacado provecho a esa camiseta - se quejó Axel - como para hacer unas vendas.
- No servía ni para eso - contestó. Se rascó el pecho con una mano, a la vez que se ahuecaba el pelo sobre la nuca para no tener tanto calor.
Aeryn y Skeith le miraban como si no hubieran visto un hombre desnudo en su vida.
- ¿Qué? - Skeith apartó la mirada al verse descubierto, pero Aeryn aguantó unos segundos más, paseó los ojos por el marcado abdomen y los grandes pectorales, dándose cuenta, a la pobre luz de la hoguera, que una cicatriz deformaba uno de ellos y que este parecía no tener... pezón. Por alguna razón, aquello sí hizo que apartara la vista de su cuerpo, con una ligera mueca incómoda. 
- Vaya... la noche que te curé no me di cuenta de que tenias tantísimas cicatrices... - Aeryn soltó aquello sin pensar mucho sus palabras cuando sus ojos volvieron a observar al licántropo - ¿Eso es lo que provoca vivir en libertad?
Nao la miró unos segundos, con la ceja levantada.
- Eso es lo que provocan las peleas ilegales de licántropos - fue Axel quien respondió, con un ligero toque molesto en la voz -. Y fueron los humanos los principales culpables todas y cada una de ellas.
Aeryn se sintió ofendida al oírle.
- No hace falta decirlo en ese tono.
- Oh, disculpa. ¿Te dientes herida al oír la verdad? - Axel puso esta vez un tono irónico - ¿Acaso tu, o mi lady, no eras consciente de lo que provocan las peleas de licántropos? ¿Vives junto a muchos otros en la ignorancia, o eres de las que prefieren ignorar el tema porque es más conveniente...?
- Axel - advirtió Nao, cortando su monólogo.
- Dijiste que querías hablar - continuó el pelo-verde, ignorando a su amigo -. Esto es una de esas cosas que tendremos que hablar. Pero eso a ti no te conviene, ¿verdad? Es mejor olvidarte de nosotros cuando nuestro pacto acabe. Ya te hemos arreglado al niño y te has reconciliado con un licántropo, tus buenas acciones del año están cumplidas.
Nao metió la mano en las ascuas del fuego y se las tiró a la cara, sin remordimiento alguno.
- Cállate ya - casi gritó. Axel siseaba y sacudía la cabeza, con los ojos cerrados para evitar que le entraran las ascuas y cenizas.
- !¿QUE COJONES HACES?! - gritó furioso por el ataque sorpresa.
- ¡NO ES A TI A QUIÉN CORRESPONDE DECIR NADA DE ESTO! - respondió Nao, señalándose el cuerpo y con las venas del cuello marcadas.
Axel no respondió, pero el aire le salía por la nariz como a un caballo desbocado. Ambos estaban tan concentrados retándose con la mirada, que ninguno notó que un pequeño moreno se había acercado a Nao lentamente.
Este se giró bruscamente cuando sintió una mano posarse suavemente sobre su rodilla. Fulminó a Skeith con la mirada antes de reconocerle. Relajó su postura levemente, sin bajar la guardia, girándose hacia Axel para dar a entender que daba por terminada la discusión.
- Yo... he cubierto misiones en las que debíamos cerrar locales de peleas clandestinas y criaderos ilegales de hombres-lobo - al recordar aquellas imágenes, Aeryn tragó aire antes de continuar -. Siempre me pareció horrible lo que hacían en aquellas naves con los licántropos...
- No intentes arreglarlo - replicó Axel, sentándose al otro lado del fuego -. Tu reacción al darte cuenta de lo que es Nao fue más que suficiente. Sólo eres una hipócrita más que cambia de opinión cuando le es conveniente.
- ¿A esto es a lo que le llamas hablar? - preguntó Nao, en un tono tan suave que sonó peligroso.
- ¿Tampoco te parece bien?
Aeryn apretó los labios con rabia. Que un, suponía, hombre-serpiente le echase en cara su forma de actuar, cuando trataba de hacerlo lo mejor posible, le reventaba los nervios. Tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no sacar su amado bazooca y hacerle...
- ...volar por lo aires aquí mismo - Axel completó en voz alta lo que ella estaba pensando.
- Me estás leyendo la mente - dijo indignada.
- Estás pensando demasiado fuerte - fue la burlona respuesta.
Aeryn se llevó las manos a las sienes y gritó.
- ¡Sal de mi cabeza! ¡Sal de mi cabeza! ¡SAL DE MI CABEZA! - Nao se vio obligado a intervenir, sujetando a Aeryn cuando vio su intención de saltar sobre Axel; ella, al ser incapaz de continuar, se giró levemente para susurrar - Suéltame...
El licántropo fruncía el ceño, apretando levemente el agarre sobre ella, intentando evitar una catástrofe.
En contra de su forma de ser, pasó el brazo por debajo del pecho de Aeryn y la levantó en volandas mientras ella se retorcía enrabietada. Refunfuñó antes de dar un giro que desestabilizó a la joven, y la dejó en el suelo.
- Comportémonos como adultos. Estoy cansado después del ataque de los wendigos - gruñó, alternando miradas entre ambos -. Sea lo que sea, cuando abordemos el maldita barco nuestros caminos se separarán y podremos olvidarnos de todo esto.
El ambiente seguía tenso, pero al menos las ganas de matar de Aeryn desaparecido. Pero no las de Axel.
- Comportémonos como adultos - repitió con un bufido -. Curioso que seas tú quién diga eso.
Nao frunció el ceño y apretó los labios.
- Visto lo visto, alguien tiene que poner orden - se acercó a Axel, amenazador, estirándose en toda su altura -. Y te recuerdo que yo también sé mandar.
Ambos estaban cabreados, cansados e irritados por haber tardado tanto en llegar a su objetivo. A pesar del tiempo transcurrido del ataque wendigo, haber visto la muerte de cerca, otra vez, les había comido los nervios y necesitaban explotar. Y lo hicieron.
Axel no avisó cuando se lanzó sobre Nao, agarrándole el cuello, haciendo fuerza para tirarlo al suelo, mientras su puño cogía impulso, alzándose por encima de su cabeza.
Aeryn no hizo amago de detenerlos cuando los vio rodar por el suelo, montando uno sobre otro, soltándose puñetazos en la cara que hacía saltar la sangre sobre el suelo, patadas que sonaban a hueco cuando alcanzaban su objetivo. 
Una sinfonía en crescendo* de gruñidos, bufidos y gritos de dolor, que dejaban escapar al recibir algún golpe, cortaban la calma de la noche.
Axel se había levantado, arrastrando a Nao, quién sujetaba con fuerza su camiseta y trataba de empujarlo de vuelta al suelo. De repente, Lid y Ellett hicieron acto de presencia. 
La loba metió un colmillo por la cinturilla del pantalón de Nao y de un tirón lo lanzó al otro lado del claro. Antes de que su compañero se levantara, plantó una enorme zarpa en su pecho, separando los dedos al hacer fuerza para mantenerlo en su sitio. Como seguía retorciéndose, lanzó una dentellada al aire. El licántropo vio como los dientes de la loba se cerraban a escasos milímetros de su nariz. Su gruñido de advertencia hacía vibrar el aire.
Ladeó la cabeza levemente, tratando de calmarla, antes de relajarse y apoyar las extremidades de nuevo en el suelo. Lid mantuvo el gruñido y la zarpa en el sitio, hasta que estuvo segura que Nao se había calmado. Con un movimiento lento se apartó, girándose lentamente para mirar a Ellett, quién se había enrroscado alrededor de Axel, tirándolo al suelo y había optado por gruñirle en la cara, al igual que ella.
El sabor y olor de la sangre inundaban la boca y nariz de Nao. Le dolía la mandíbula gracias a los puñetazos recibidos, y a duras penas podía ver a través de un ojo hinchado y amoratado. Cuando Axel se incorporó pudo ver que estaba en las mismas. 
Trastabilló cuando apartó a Lid y quiso incorporarse. Joder. Si había algo peor que recibir una puñalada en el estómago o que un wendigo quisiera comerte, era recibir tantos derechazos de Axel en la cara. El desgraciado tenía la misma fuerza que cien hombres en un solo dedo. 
Se tuvo que apoyar en el morro de Lid mientras se toqueteaba la nariz, valorando los daños. Por supuesto, la tenía rota. En la boca faltaban tres muelas y tenía un colmillo partido, a parte de un montón de heridas en las encías y los carrillos. Y los moretones empezaban a decorar su torso, seguramente tendría alguna costilla fisurada. Escupió a un lado, dejando una nueva mancha de sangre en el suelo. Qué más daba, cuando se despertase al día siguiente no tendría ninguna marca y para la noche siguiente le habrían crecido los dientes de nuevo.
Se sintió orgulloso de si mismo cuando Axel se acercó al fuego cojeando y sujetándose el costado. 

12/8/17

23. Huída

Skeith se vio envuelto en el frenesí repentino de sus tres acompañantes, quienes recogían todo a velocidad de vértigo y preparaban a sus compañeros para iniciar la marcha... jadeó de la sorpresa cuando Nao le sujetó el brazo y le arrastró hasta Lid, que esperaba impaciente y golpeando el suelo con las patas, junto a Heilen y Ellett, fuera de la cueva. Estos dos habían adoptado tamaños mayores que el de la loba, superando su cabeza por casi más de un metro. Se quedó boquiabierto mientras los observaba. Desde que había escapado con Aeryn, el mundo fuera del motel no dejaba de sorprenderle, a veces llegaba a ser escalofriante y aterrador, como aquella misma noche. Nao le dejó ahí, ordenándole que no se moviera antes de volver a entrar en la cueva.
Las criaturas resoplaban en el sitio, sacudiendo la cabeza o batiendo las alas, ansiosas por alejarse de allí, sintiendo entre las sombras el peligro inminente. Miraban insistentemente hacia el interior de la cueva, como apremiando con la mirada a los jóvenes, quienes parecían discutir sobre algo. De repente, Aeryn salió, angustiada.
- Skeith - llamó. El se encogió un poco en el sitio, suponiendo que habían decidido dejarlo atrás ya que no sabía volar y parecía bastante claro que iban a huir por el aire - Yo no puedo llevarte, el asiento de Heilen no permite dos viajeros y tampoco tengo la fuerza suficiente como para sujetarte si pasa algo - Aeryn le sujetaba con fuerza de ambos brazos, en su mirada podía leer que sentía aquello desde el fondo de su corazón.
Skeith se tragó las lágrimas. Sabía que era un incordio, una molestia. Pero ahora, por alguna razón, se encontraba mejor que los días anteriores y sentía que podía empezar a seguirles el ritmo... pero resulta que era ahora cuando le dejaban a su suerte porque no podía volar... Aeryn le sacudió suavemente para llamar su atención.
- Tienes que ir con el licántropo - escuchó, y aquello le trajo de vuelta a la realidad - él tiene la fuerza necesaria para sujetarte si ocurre algo ahí arriba - confuso, levantó la mirada que había clavado en una ramita del suelo.
- ¿Licántropo? - repitió.
- Si, con el hombre-lobo. Con Nao. - señaló al joven, quien observaban la escena a una distancia prudencial.
No le iban a abandonar. No se fue al suelo de rodillas porque Aeryn continuaba sujetando sus brazos. Ella levantó una ceja al mirarle a los ojos.
- ¿Por qué pones esa cara? - preguntó. Skeith abrió la boca para responder, pero Axel subió de un salto al lomo de Ellet. Ella resopló con hastío, cansada de que su humano siempre subiera sin medir su fuerza al montar.
- No hay tiempo para cháchara - apremió -. Tenemos que irnos de aquí ya.
Aeryn asintió con la cabeza, a la vez que Nao se acercaba y apartaba sus manos del moreno. Skeith se estremeció un poco cuando el licántropo se colocó tras él y le empujó hacia Lid, quien seguía con la vista todos los movimientos de su compañero.
- Es la primera vez que alguien desconocido monta a Lid - le susurró al oído. A Skeith le temblaron las rodillas al oír la grave voz pegada a su oreja. Tragó en seco cuando los ojos dorados de ella se clavaron en él.
El brazo de Nao se extendió frente a sus ojos, rascando suavemente con las uñas la barbilla de la loba durante unos segundos, hasta que cerró los ojos del gusto.
- ¡Nao! - gritó Axel - ¡¿Qué parte de "no tenemos tiempo" no has entendido?!
Él gruñó en voz baja.
- Como no hagamos esto bien, tendremos que recoger los restos esparcidos por la caída del chico -. Contestó. Skeith se removió inquieto ante la respuesta.
- Comida fácil y rápida para otros - replicó el pelo-verde - ¡Vamos!
Nao decidió dejar de discutir y confiar en su compañera. Pasó las manos bajo las axilas de Skeith, y este chilló cuando se vio levantado en el aire, sujetándose con fuerza a las manos de Nao, que lo mantenía en el aire sin problemas. Lid le dedicó una mirada desconfiada antes de agacharse para facilitarle la tarea. Cuando estuvo sobre el lomo, hundió las manos en el espeso pelaje, cogiendo mechones de pelo negro con fuerza. A su lado una corriente de aire le hizo agacharse, cuando pudo abrir los ojos de nuevo, ni Axel ni Ellett estaban ya, quiso mirar hacia arriba y buscarlos, pero Nao montó tras él, haciendo que en vez de tirar del pelaje de la loba, se agarrase de sus antebrazos.
El licántropo se acomodó, obligándole a juntarse más a él. Instantes después y tras un rápido "sujétate", Skeith cerró los ojos al sentir un golpe seco en todo el cuerpo cuando Lid despegó de un salto, luego ráfagas de viento le golpearon la cara durante unos interminables segundos, y por último, una falsa sensación de estabilidad que le animó a volver a descubrir su mirada azul, encontrándose así con un paisaje increíble.
Se quedó con la boca abierta al mirar al horizonte, donde las lunas brillaban con intensidad, Yue en cuarto menguante y Metzili en cuarto creciente, las estrellas salpicaban el cielo oscuro, como miles de luciérnagas surcando los cielos, el bosque era una mancha uniforme que parecía extenderse infinitamente en todas direcciones. La impresión le hizo aflojar el agarre que tenía sobre Nao, subiendo la mano lentamente por el brazo, porque quería girarse para mirar atrás. No le importó que el licántropo se pegara un poco más, formando un cubículo seguro con el cuerpo y los brazos mientras exploraba maravillado a su alrededor.
Iba a mirar hacia abajo, pero el licántropo se le impidió con un "No" suave y rotundo que no le quitó las ganas de seguir disfrutando del paisaje.
Soltó un gritito agudo cuando por un lateral apareció Heilen, con un suave batir de alas. Desde su lomo, Aeryn le saludó con la mano al descubrir su expresión de sorpresa, iba a responder de la misma forma, pero Nao gritó una advertencia y Lid hizo un giro brusco para evitar a Ellett, quien desde algún punto bajo ellos había aparecido frente a la loba con la distancia justa para que ella pudiera evitarla. Aquello no le hizo gritar, pero si enterrar las uñas en los hombros del licántropo y cerrar de nuevo los ojos con fuerza.
Con un gruñido de descontento, Nao guió a Lid hacia la derecha de la dragona, dejándola en el centro de la formación, y estando ellos lejos de las corrientes de aire que creaba su cuerpo al romper el aire. Entre sus brazos, Skeith temblaba y hundía las uñas en su brazo, justo en la herida que le había provocado el wendigo al morderle. Apretó los dientes aguantando el dolor.
•••••
Casi una hora después, a lo lejos, agazapada como un felino en la noche, descubrieron una pequeña ciudadela cerradas con muros de piedra. Tras ella, se abría una oscuridad abrumadora, hbían llegado a uno de los Bordes del Continente Tierra. Gracias al cansancio no sintieron ningún tipo de emoción al verla aparecer.
"Y después de semanas, por fin llegamos a la maldita ciudad" se quejó Axel.
Skeith se había ido acostumbrando al arrullo del vuelo y relajado entre los brazos de su acompañante, pero oír la voz del joven dentro de su cabeza hizo que pegara un bote en el sito, que obligó a Nao a cerrar su agarre en torno a él, desatendiendo por unos segundos la guía que ejercía sobre Lid.
Cuando el joven se hubo calmado tras una rápida explicación con la que no se quedó conforme, Nao agradeció que su loba fuera lo suficientemente independiente como para tomar decisiones sola.
Aeryn gritó algo desde el otro lado, pero por el viento fue incapaz de entender una palabra de lo que había dicho, a pesar de su gran oído. Y volvió a escuchar a Axel.
"Puedo conectar la conversación entre los cuatro" refunfuñó, mientras sentían como hilos invisibles ataban sus mentes, permitiendo que se "oyeran" unos a otros, y tuvieran una vaga idea de lo que sentían en el momento.
Gracias al lazo creado por el hombre-serpiente, Nao sintió la leve vacilación de la joven, antes de responder.
"Que no podemos presentarnos en la ciudadela a estas horas. Las compuertas están cerradas. Es demasiado tarde. Los guardias de las puertas no van a permitir el paso a cuatro desconocidos a altas horas de la madrugada."
Miró a su alrededor, dándole la razón a la chica, buscando un buen sitio donde poder pasar el resto de la noche. Lid gorjeó al descubrir una mancha negra, balanceándose lentamente en aquella dirección. Tras un tembloroso quejido de Skeith, pudo soltar su brazo y apuntar hacia allí con el dedo.
"Ese lago no queda lejos de la cuidad. Podemos acampar hasta que abran las puertas cerca de la orilla, comer algo y descansar."
"¿Y los wendigos?" Preguntó Aeryn, preocupada. "Cuando levanté el vuelo, dos de ellos estuvieron a punto de arrancarle las plumas de la cola a Heilen"
"Huimos volando, si les han salido alas vamos a tener un problema, pero como es el caso, tardarán un par de días en darnos alcance. Y para entonces estaremos tomando un barco dirección a Fuego."
Nao se imaginaba a Aeryn arrugando el entrecejo, descontenta con la respuesta.
"Esa zona del bosque es demasiado densa, por muy semi-demonio que seas no podrás cruzar rápidamente, a no ser que te desmaterialices."
Ella seguía descontenta, aún con eso, pero acabó accediendo al plan. Así que con un giro amplio, las tres criaturas aladas, en un movimiento que parecía ensayado, viraron, cambiando su rumbo hacia el lago.
•••••
Nao bajó a Skeith del lomo de la loba con cuidado, tragándose el dolor que le provocaba levantar el brazo.
A pesar de haber sido herido por una criatura demoníaca, la herida no era tan grave como la que le provocó el cuchillo que le clavó el mercenario, aunque no dejaba de doler, y hasta que no se detuviese a descansar, no empezaría a regenerarse la piel y el músculo que el jodido wendigo había desgarrado con sus colmillos.
Skeith le miró tímidamente por debajo de sus flequillos, dandole las gracias con la mirada. Nao sonrío levemente antes de girarse hacia Lid y acariciarle el morro como agradecimiento por llevarlos hasta allí.
Axel y Aeryn también habían desmontado, extendiendo un par de sacos para dormir. La rubia, en el momento en que tenía todo listo, fue a recoger a Skeith, que miraba embobado las caricias cariñosas que se regalaban ambos lobos.
Tras unos cariños más, Nao se acercó al borde del lago, y con cuidado, se desnudó de cintura para arriba, metiendo la mano en el agua y pasándosela con cuidado por el brazo, limpiándose la herida.
Skeith se miró la mano, dándose cuenta que la tenía manchada de sangre fresca. Y la mancha se extendía por su manga, pegándole la ropa al cuerpo. Estaba tan ensismismado en el paisaje, que no se había enterado que su ropa estaba manchada.
-Ah... - susurró, cayendo en la cuenta de que más de una vez había hundido los dedos en las heridas del licántropo. Le temblaban las puntas de los dedos al sentir como el líquido carmesí rodaba por su piel.
- No te preocupes - escuchó a Nao desde el borde del lago, haciéndose a un lado cuando Lid estiró el cuello sobre el agua, lamiendo primero la superficie para pasar la lengua después por la herida abierta. Él suspiro antes de continuar - No te vas a transformar en uno de los míos.
Al escuchar aquello, Aeryn rápidamente quiso limpiar la sangre de sus manos, cayendo en la cuenta que los licántropos podían infectar a otros. Sacó una toallita desinfectante del equipo médico, pasándola por la palmas de sus manos con suavidad.

22. Wendigo

Aeryn disparó tres veces al wendigo, sabiendo que los proyectiles no darían donde ella quería en el mismo instante en el que salieron del cañón del arma; una bala le pasó rozando el hombro, la segunda le dio en el centro del pecho, acomodándose en el esternón y la última acabó alojada en la cuenca del ojo. El chillido de dolor resonó en sus oídos durante varios segundos.
La joven maldijo en voz alta su mala puntería, mientras apretaba uno de los botones del corsé donde guardaba su pequeño arsenal. Tenía tres segundos para decidir cuál sería su próximo movimiento antes de que la criatura llegara hasta ellos y los devorara. Aeryn empujó a Skeith contra la pared, interponiéndose entre él y la bestia, usando su cuerpo como escudo cuando, de repente, uno de los wendigos acabó derribando al que se acercaba. Perpleja, miró hacia su izquierda, jadeando por la sorpresa y formando con sus brazos una jaula protectora alrededor del moreno, a tiempo de descubrir a Nao, quién a medio camino de transformarse en lobo y con la espalda apoyada en el suelo, parecía haber empujado a la bestia con los pies.
Ver al licántropo la ayudó a decidir su próximo movimiento, agarró a Skeith del brazo y corrió hasta el hombre-lobo, tirando del moreno. Empujó al joven hacía Nao, quien lo atrapó entre sus, ahora, anchos y peludos brazos, rodeándole la espalda con un ligero ademán protector. Skeith, sorprendido por la ligera transformación, acarició con los dedos el pelo que quedaba debajo de su mano, sorprendido por el tacto áspero. Nao retrocedió un par de pasos mientras Aeryn se acercaba corriendo y disparando a los demoníacos seres. Se apuró en llegar hasta ellos cuando se le acabó la munición y una de las criaturas ya se  estaba levantando tambaleante, gruñendo y sangrando por las heridas provocadas, pateando el cuerpo de su compañero caído para apartarlo de su camino.
Aeryn estaba tratando de averiguar cuál había sido el tiro de gracia para repetirlo, cuando a su lado escuchó un ruidito de aprobación que hizo el licántropo al descubrir el cadáver inmóvil en el suelo. Por alguna razón, aquello la hizo sentirse orgullosa y con el ánimo subido, quería planear planear el siguiente ataque junto a su nuevo aliado, cuando este le hizo entrega de un pequeño moreno y saltó con un rugido hacia delante, directo al cuello del wendigo.
Con el ataque repentino del licántropo, tuvo que pensar rápido, ¿cambiar de arma o mantener la que tenía? Volviendo a empujar a Skeith tras ella y recargando el pequeño revólver, apuntó, decidida. El daño que podía causarles, tanto al wendigo como a Nao era mínimo, pero sería más fácil apuntar y contaba a favor con las heridas que causaba el pelo-plata, quien no dejaba de saltar de un lado a otro, provocando con cada arranque cierto número de heridas, usando hábilmente el terreno, haciendo  el máximo daño posible en el menor tiempo.
El wendigo se estaba empezando a hartar de los zarpazos y mordiscos que le provocaba su presa y de los balazos que recibía, por lo que agachó la cabeza, dispuesto a embestir con los cuernos a lo primero que se le pusiera por delante, ya fuera un licántropo saltarín o un balazo.
Al descubrir sus intenciones, Nao se afianzó al suelo, preparándose para ser él quien recibiera la embestida. Gruñó enseñando los dientes, con los labios fruncidos sobre la encías, blancas por la fuerza con la que apretaba las mandíbulas. Durante unos segundos, el tiempo se detuvo.
Entonces, como si un cable tenso se hubiera roto, el wendigo atacó, saltado sobre su presa, lanzando tierra y piedrecitas hacia atrás cada vez que las patas golpeaban el suelo. Nao recibió el golpe justo en el pecho y gritó cuando una de las puntas de las cuernas le atravesó la piel, abriéndole un tajo en el costado, debajo del pecho. Con una mezcla de adrenalina y éxtasis, agarró a la criatura de la base de los cuernos, cogió impulso y trató de lanzarlo, pero el dolor que le provocaba la punta del cuerno hundida en su carne le hizo perder el equilibrio y caer de espaldas en el suelo.
El wendigo se apartó un poco sólo para volver a embestir, siendo incapaz esta vez de atravesar siquiera su piel. Nao volvió a sujetar los cuernos, aprovechando que ya no podía caer más bajo y empujó para quitárselo de encima, pateando todo lo que se le ponía por medio.
La sangre salpicó la cara del licántropo cuando Aeryn le voló al wendigo el ojo que le quedaba de un tiro. Este, rebotado,  hundió los dientes en lo primero que pilló; su hombro.
Nao volvió a gritar, clavando las uñas en la cara de la  criatura mientras se retorcía debajo, resoplando por el dolor y el esfuerzo. Trató de quitárselo de encima empujando con los pies, pero al igual que un perro de presa, el wendigo se agarraba a él y no parecía tener intención de soltarlo. De una patada desgarró las fibras que mantenían las tripas de la criatura en su sitio, y estas se desparramaron encima suyo. La sensación de algo viscoso y caliente cayendo sobre él no era nueva, pero seguía siendo desagradable, por muchos años que pasaran. El wendigo se apartó con un grito de dolor que Nao aprovechó para descolgarle la mandíbula de un puñetazo.
Con el maxilar inferior colgando, varios dientes rotos y otros tantos que habían saltado con el golpe, la criatura intentó alejarse chillando. Ciega, con el hocico destrozado, y las tripas esparcidas por el suelo, lo único que le quedaba era dar manotazos al aire para apartar a cualquiera que tratarse de acercarse.
•••••
Axel maldijo al wendigo que tenía encima. Siseó como advertencia, tratando de alcanzar su arma, mientras los dientes podridos trataban de atravesar las escamas que cubrían sus brazos. Las garras del wendigo abrían surcos en el suelo a la vez que hacía fuerza contra él, como si aplastándolo fuera a conseguir algo más.
Jadeando por el esfuerzo de mantener al wendigo en su sitio, consiguió rozar el filo de la katana con la punta de los dedos, sonrió levemente por el pequeño logro, pero aún tenía que cogerla y clavarle la espada al ser demoníaco en el centro del pecho. Tragando saliva decidió darle lo que quería al wendigo, apretó el brazo contra el fondo de la apestosa boca, consiguiendo que la bestia pataleara contra el suelo. Aprovechó el pequeño impulso del gesto para arrastrar la katana los pocos centímetros que le faltaban para poder agarrar el mango.
En el momento en que cerró el puño alrededor del mango, ensartó el filo en el cuello de la criatura, que le soltó en el momento en que la espada le atravesó la carne. Axel gritó y empujó con las dos manos la jarana hacia arriba, hasta conseguir desgarrar músculos y tendones. El wendigo se apartó, chorreando sangre por la boca, en un chillido mudo. En cuanto tuvo oportunidad de levantarse, se impulsó con la katana por delante, hasta atravesarle el pecho, desgarrando el corazón en el camino.
Arrancó la espada del cuerpo, sudando y jadeando, cuando recordó que no era el único allí luchando por su vida. Se dio la vuelta justo a tiempo para ver como el último wendigo caía derribado, con un ruido sordo.
La cueva, que hasta antes del ataque había parecido lo suficientemente espaciosa, ahora tenía el mismo aspecto que una morgue. Cuando levantó la mirada del suelo, se topó con los ojos de Nao, quien le miraba con seriedad y las pupilas aún dilatadas por la adrenalina.
Escuchó el lloriqueo de Lid al fondo de la cueva, ninguno de los animales había participado en la escaramuza por riesgo de infectarse y vagar el resto de sus días como wendigos por los bosques.
- Tenemos que irnos - siseó con voz grave. Nao y Aeryn asintieron. Los wendigos no viajaban de tres en tres. Ni siquiera de diez en diez, si esos les habían encontrado, corrían riesgo de que el resto del clan lo hiciera también.

21. Oh-oh

Ren se sentía más que dispuesto a cortarle la cabeza al inútil del sanador que le atendía las heridas en ese momento. Si no fuera porque andaban cortos de personal, no se lo hubiera pensado mucho antes de decapitarlo.
Entre el imbécil del sanador y la conversación, si es que se le podía llamar así, que había mantenido con Natair sobre las luchas por el poder, no tenía la paciencia suficiente para aguantar curas. Pero no le quedaba otra, o sacaba la bala de una vez, o acabaría perdiendo la pierna por culpa de la gangrena.
Apretó los dientes y los puños contra la camilla de la enfermería, sufriendo una sacudida involuntaria en todo el cuerpo después de que le rociase con antiséptico la herida abierta, antes de empezar a hurgar.
Su acompañante se apartó gruñendo, a pesar de que estaba sujetando con correas la pierna herida del joven alto mando a la camilla, para evitar aquello precisamente, él tenía tanta fuerza que corría el riesgo de soltarse. Y por desgracia no contaban con analgésicos ni sedante que disminuyeran el dolor, estaban reservadas para heridas importantes en gente importante.
Ren era alguien con relativa importancia dentro de la organización, pero había fracasado en su misión y librado de un castigo, así que no, no tenía derecho a los calmantes. Quizá si hubiese matado al Guardián, la caza-recompensas y el hombre reptil le hubieran perdonado los meses de retraso.
Gritó entre dientes cuando el curandero metió unas pinzas en la herida de bala, buscando el proyectil que todavía se alojaba en su carne.
•••••
Nao se cortó la palma de la mano con el cuchillo que había recogido junto al fuego. La sangre recorrió los dedos, manchándolos, mientras recitaba una retahíla de palabras en el Antiguo Lenguaje Sagrado. Después de unos segundos empezó a dibujar símbolos en la paredes de la entrada, acompañando los gestos con los cánticos rituales.
Aeryn observaba con la boca abierta como la sangre parecía relucir levemente antes de secarse sobre la roca. Echó un rápido vistazo a Axel, esperando encontrarle en las mismas condiciones, pero este se limitaba a remover con gesto aburrido y mucha lentitud el caldo que el licántropo le había mandado preparar. Tras él, la loba negra curioseaba sus movimientos, estirado el cuello por encima suyo, con las alas levemente abiertas y moviendo la nariz en círculos. La chica se sorprendió cuando descubrió a Heilen en las mismas, cotilleando con un ojo cerrado a Axel, en una postura completamente relajada desde su posición en la rama que se habían agenciado Ellet y él.
Nao no tardó mucho en levantar las barreras y, en vez de acercarse al fuego para descansar antes de una noche que predecía agotadora, fue directamente hacia Skeith para echarle un ojo. El chico vagaba entre leves hipotermias y fiebres, en ese momento temblaba ligeramente y se acurrucó contra su mano cuando le rozó la mejilla con los dedos. Nao echó las orejas hacia atrás y entrecerró los ojos, sintiendo el suave tacto de la piel ajena. Un gorgoteo satisfecho escapó de su garganta.
Y entonces Axel le tiró una piedra.
- Tenemos visita - susurró cuando el licántropo se giró hacia él molesto, pero en cuanto le escuchó miró hacia la entrada de la cueva.
Lentamente se estiró hacia su arco, que había dejado a una distancia prudencial cuando se acomodaron en la grieta. Con paso lento, se fue acercando a la grieta, cargando el arco con una flecha, sin hacer ningún ruido. Axel estaba de pie, con una mano sujetando el mango de su katana con la misma expresión seria.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Aeryn. Se incorporó en su sitio, llevando la mano a la culata de una de sus armas.
De pie en la entrada, Nao se quedó inmóvil, conteniendo la respiración y con expresión tensa por lo que acechaba fuera.
Una enorme criatura, similar a un ciervo pútrido y bípedo se paseaba de un lado a otro olfateando el aire. Lo primero que vio Nao fue un par de enormes muslos que se encargaban de levantar un par de enormes pezuñas negras. Los brazos se alargaban y retorcían, mientras las zarpas de tres dedos dibujaban un tétrico camino allí por donde se arrastraban. Las costillas y tripas estaban directamente descubiertas, se mantenían en su sitio gracias a una membrana de fascia. Lo más aterrador no era poder verle los intestinos, ni la grima que podían provocar las patas retorcidas y calvas, lo peor era la cara pútrida de ciervo de la criatura, un par de enormes colmillos se encajaban en la mandíbula inferior, un ojo estaba inyectado en sangre, al otro lo sustituía una cuenca vacía y sangrante. Un par de cuernos retorcidos coronaban su cabeza, con restos de borra pútrida escurriendo de ellos. 
Nao jadeó cuando reconoció a la criatura.
- Wendigo... - gruñó entre dientes.
- No es posible - replicó Aeryn - los wendigos habitan latitudes más altas. Estamos demasiado al sur.
- Ultimamente las criaturas oscuras no cumplen con los supuestos - contestó el licántropo - la destrucción de los Templos está acabando con el equilibrio, cada vez hay menos barreras que impidan su propagación.
Aeryn se sorprendió al descubrir que estaban al tanto de la situación sobre los Templos en el interior de los bosques de Tierra.
- Por la cara que tienes ahora mismo, diría que no te lo esperabas - río Nao. Axel se había ido acercando a él, con los músculos tensos, preparado para defenderse de la criatura que acechaba fuera. Con una sonrisilla, le recordó -. Soy un Guardián. La noche en que el asesino nos atacó, fue el culmen después de tres meses de tira y afloja con él.
- No es el momento de hablar de esto - dijo Axel metiéndole un codazo a su amigo en el costado -. Despierta al crío e idos al fondo de la cueva - ordenó a Aeryn.
Ella frunció el ceño y estaba a punto de replicar, cuando vio a la criatura merodear rastreándolos. Aceptó que lo mejor en ese momento era poner a Skeith a salvo, así que procedió a despertarlo.
Gritó y cayó sobre Skeith, sorprendida por un chillido y un fuerte temblor. El joven moreno se revolvió bajo ella, asustado, incapaz de hacer nada más que manotear en vano. Aeryn miró hacia la entrada, reconociendo a la criatura. Era más fea de lo que esperaba, con los cachos de carne muerta colgándole de la boca y esas asquerosas pezuñas... Sacudió la cabeza y de un tirón llegó hasta el fondo de la cueva. Aprisionó a Skeith contra la pared y se dispuso a sacar su armamento pesado... Recordó que estaba en una cueva y que no podía disparar su bazuca en sitios tan estrechos, por lo que cambio a un rifle de semiautomático y corto alcance que su padre adoraba usar para caza mayor y que a ella le vendría que ni pintado en aquella situación.
Durante unos segundos, todo quedó en un silencio pesado y tenso mientras esperaban el siguiente asalto.
La siguiente embestida vino seguida de otra en el mismo momento en que el primer wendigo se apartó.
- La barrera no aguantará muchas más como esas - susurró el Guardián con el rostro tenso. Sentía los golpes como si se los estuvieran dando a él.
Axel se centró un poco más, manteniendo la postura.
- Deshaz la barrera - dijo.
Nao le echó un rápido vistazo.
- Sí, cómo no. También podemos servirnos en una bandeja de plata y que nos sazonen a su gusto. Aunque yo quedaría un poco pasado, ya sabes, por eso de ser un licántropo y que la plata no me sienta muy bien.
- Servido o no, como sigas manteniendo la barrera en pie no vas a llegar al final de esto, prefiero que estés fresco para cuando entren. Y que sea lo que los Espíritus quieran.
Nao miró de nuevo al frente, con gesto serio asintió.
"Aeryn" Axel llamó mentalmente a la joven. De primeras ella dio un brinco en el sitio, sorprendida por la voz dentro de su cabeza.
- ¿Axel? - dijo en voz alta, extrañada. Él no la miraba, seguía en la misma postura, de cara a la entrada de la cueva. Skeith se colgó un poco de su ropa, asustado por las bestias que querían entrar.
"Sí" contestó la voz de nuevo dentro de su cabeza. "Nao va a romper la barrera en la próxima embestida. Caerán dos a la vez, y quedará un tercero que tardará un poco más. Ese es tuyo."
Ella tardó unos segundos en contestar.
- Cuando salgamos de esta, tenemos que sentarnos a hablar seriamente - susurró. Pudo adivinar una sonrisa divertida en él a pesar de que no le veía la cara. Dio por zanjado el tema mientras preparaba los recambios para el rifle.
Preparándose, hincó una rodilla en el suelo y se llevó la culata del semiautomático al hombro, tratando de tener un buen campo de tiro para cuando apareciese su presa.
- ¡Ahora! - advirtió Nao cuando dejó caer las barreras. Como Axel había predicho dos wendigos cayeron en el interior de la cueva, tropezando uno con otro al no encontrar obstáculo en su camino.
Aeryn sujetó con más firmeza el rifle, mientras Nao, quien se había quitado de en medio, trataba de acertar sus disparos contra uno de los wendigo que se había levantado rápidamente y avanzaba hacia él, y Axel trataba de cortarle la cabeza al otro, que continuaba en el suelo pero se cubría con las patas delanteras mientras gruñía. Al final, de un zarpazo Axel acabó contra la pared de la cueva. Aeryn giró la cabeza hacia él, dispuesta a reventarle le cabeza de un tiro a la criatura, que ya saltaba con intenciones de acabar con la vida del joven, cuando entró el último wendigo, a paso lento y soltando vaho por la boca.
Aeryn se vio obligada a olvidarse de apoyar a Axel en su pelea, reafirmando el agarre y apuntando el cañón de su rifle. Cuando tuvo tiro limpio disparó.

20. No puedes salvarlos a todos, pero...

Nao bajó las orejas y metió la cola entre las piernas, con el ánimo completamente por los suelos.
"No siempre puedes salvarlos" dijo Volk dentro de su cabeza. "Es ley de vida"
Apretó los ojos, soltando el aire con fuerza por la nariz, preparándose para girarse y enfrentar a la rubia.
Ella y Axel estaban cubiertos de escarcha por la explosión mágica del chico. Ella se había levantado de golpe y clavaba las uñas en el brazo con el que Axel rodeaba su cintura. Él, en cambio, tiritaba, pero el licántropo en el fondo de su mente sabía que era por el frío y, atontado pensó que tenía que dejarle una de sus chaquetas para que pudiera mantener la temperatura.
Nao se giró de nuevo hacia el moreno, hundiendo la cara en el hueco del cuello y el hombro del chico, suspirando con fuerza, sintiéndose completamente agotado y derrotado por haber sido incapaz de hacer algo más.
Aeryn llegó junto a él, conteniendo las lágrimas. Levantó la mano, los dedos le temblaban ligeramente cuando quiso acariciar la pálida mejilla de Skeith. Al momento de rozar su piel, dio rienda suelta a sus sollozos. Nao apartó la mirada, mordiéndose el interior del carrillo.
Con cuidado dejó al chico en el suelo, frente a la rubia, para apartarse y darle espacio. En el momento en que lo hizo, escuchó un leve quejido salir de los fríos labios. Bajo la mirada desaprobatoria de Aeryn, y movido por un impulso, pinchó con el dedo la mejilla. Tardó poco más de dos segundos en volver a tomar color después de la presión.
Con eso, dejó de pensar y pasó directamente a la acción. Necesitaba estabilizarlo y para ello iba a tener que recurrir a sus poderes de Guardián y conocimientos de curación. Agradeció por millonésima vez a Nyuka por todos aquellos años de paciencia infinita, transmitiéndole sus conocimientos sobre plantas y remedios.
Dio órdenes a Aeryn, quién después de una parálisis inicial se puso en marcha al darse cuenta de lo mismo que él, para poder utilizar también sus métodos.
•••••
Tras horas luchando por mantener al chiquillo con vida, pasado el mediodía consiguieron normalizar su temperatura y pulso.
Nao quiso dejarse caer contra el suelo mientras Aeryn terminaba de atender a Skeith, pero como en la cueva aún estaba cubierta por escarcha, tenía a Axel abrazándole por la espalda, tiritando de frío y Nao sentía que estaba a punto de provocarle quemaduras de primer grado en los abdominales porque había metido las manos heladas por debajo de su ropa para entrar antes en calor.
Como descendiente de hombres-reptil, Axel necesitaba baños de sol de vez en cuando para poder mantener su temperatura corporal, y que el cielo estuviera cubierto por un manto de nubes grises y no permitiera el paso de un solo rayo, no ayudaba nada al de pelo verde. Por eso le utilizaba a él, su temperatura era naturalmente más alta y eso era una fuente de calor útil para Axel. Había perdido la cuenta de los inviernos nórdicos en los que Axel por las noches se metía en su saco para entrar en calor.
Cuando sintió un poco más calientes las manos de su mejor amigo, gruñó para quitárselo de encima, él le contesto con un bufido y aferrándose más a su cuerpo.
Harto, Nao sacudió los hombros y se escabulló en cuanto el agarre se volvió más suave. Con pasos decididos sacó de su macuto un par de suéteres de invierno que guardaba para ese año y le tiró uno a Axel.
Fue con el otro hasta Skeith, quien se acurrucaba dentro del saco de Aeryn mientras ella usaba una esterilla y una manta térmica para aislarse del suelo que ya empezaba a descongelarse y el aire frío que se mantenía en el ambiente. El trato de la mujer hacia él se había suavizado después de haber atendido a su protegido durante todo el día y no le puso ningún mal gesto cuando cambió la ropa del chico y revisó de paso su estado. Ella le miró agotada y agradecida cuando terminó de reacomodarlo.
Acuclillado, se meció sobre los talones, mirando pensativo el rostro ojeroso y demacrado.
- ¿Sólo ha comido esas barritas en este tiempo?
Ella asintió levemente.
- En el barco se pasó casi todo el tiempo en el camarote, creo que el bamboleo le mareaba. Cuando llegamos a Tierra y desembarcamos tampoco quiso comer nada. Sólo aceptó cuando le ofrecí una barrita energética. Desde entonces ha estado comiéndolas, porque se niega a probar otra cosa...
Nao continuó balanceándose, con la mirada perdida en algún punto de la pared, hasta que decidido se levantó.
- Iré a buscar comida. Creo que puedo preparar algo con lo que queda de temporada.
Aeryn le siguió con la mirada mientras salía de la cueva, todavía sentía la cabeza embotada por aquellas horas frenéticas.
Se tumbó de lado en la esterilla cuando perdió de vista al hombre-lobo, girada hacia Skeith, en una postura cómoda para poder acariciar su cabello y apartar mechones de pelo de su frente. Levantó un poco la cabeza cuando escuchó movimiento y recordó que no estaba sola.
Axel estaba usando la chaqueta que Nao le había prestado, y trataba de encender de nuevo el fuego. De vez en cuando tiritaba y maldecía que las ramas de la hoguera estuvieran húmedas y frías. Al final, fue Ellett quien encendió el fuego con un escupitajo caliente. Inmediatamente después de que las llamas se alzaran, ambos se arrimaron hasta el límite de la fogata para entrar en calor. Lid se acercó también a los pocos segundos, olfateando el fuego, como si esperase que hubiera algo cocinándose. Se apartó con un resoplido hasta la pared de la cueva cuando vio que no había nada que llevarse a la boca. Aeryn les miró desde su posición, con el ceño fruncido. Se sorprendió al darse cuenta que después de todas aquellas horas luchando por mantener a Skeith con vida, se sentía más cómoda en presencia del licántropo que del pelo verde, y eso la molestaba.
Axel se acurrucó un poco bajo el jersey, preguntándose cuándo la temperatura volvería a normalizarse. Dio un rápido vistazo a sus acompañantes, sorprendiendo a la rubia mientras esta le miraba con el ceño fruncido. Axel quiso reír, pero tenía tanto frío que fue incapaz. Y no estaba seguro de que ella reaccionase bien después de lo ocurrido.
Había perdido la paciencia con el joven, a pesar de que sabía que no debería haberlo hecho. Y ahora tenía a la rubia enfadada con él y, lo que era peor, dadas las circunstancias, Nao no quería saber nada a pesar de saber que llevaba muy mal el frío. En cualquier otro momento no se hubiera apartado tan rápido como lo había hecho. Volvió a mirar a la rubia, quien seguía fulminándole con aquellos increíbles ojos azules. Axel hizo una leve mueca de molestia con los labios.
- No vas a conseguir nada mirándome así - avisó. Quería sonar más amable, pero se le escapó el tono desagradable al intentar contener un escalofrío. Inspiró ligeramente para calmarse. Ella tenía los labios apretados y parecía contener las ganas de sacar una pistola y dispararle - Deberías haberlo dejado donde te lo encontraste. Hubiera sido más fácil para él.
- No tienes ni idea - siseó ella, con veneno en la voz. - Si lo hubiera dejado allí, le habrían amargado la vida antes de matarlo.
Axel quiso mantenerse impasible, pero tuvo que darle la razón. Había visto los sueños del moreno, y si aquello eran recuerdos, lo extraño es que no hubiera querido acabar con su vida antes. O huir. Fue a responder cuando repentinamente recibió sobre el hombro peso muerto que le hizo inclinarse hacia el lado contrario. Refunfuñó intentando evitar a Nao, quien apoyaba las rodillas contra él.
- Me alegra saber que estáis haciendo buenas migas. Es pasar frente a la cueva y se siente la buena vibra - dijo irónico, con las orejas agachadas sobre la cabeza y una media sonrisa burlona pintada en los labios. El pelo verde bufó antes de apoyar la mano en el suelo para mantenerse erguido.
- ¿No te habías ido? - replicó, devolviéndole el empujón. Nao de un saltito se apoyó de nuevo sobre las dos piernas y con una sonrisita burlona, dejó caer sobre él algunas verduras y frutas silvestres que había recogido. Axel gruñó a no encontrar nada de carne, ni siquiera un mísero topillo, entre la comida. - Esto es comida para uros.
Nao ya no le estaba mirando, había fijado la vista en algún punto del exterior y parecía preocupado. Giró un poco el rostro hacia él cuando sintió su mirada interrogante, sin apartar la vista de la entrada de la cueva.
- He sentido un grupo de presencias peligrosas. No sé qué son. A penas me ha dado tiempo a recoger nada, tengo la sensación de que están esperando a que anochezca para aparecer. Voy a intentar levantar algunas barreras, pero llevo años sin hacerlo. Será mejor que nos preparemos. Aquí dentro deberíamos contar con más ventaja...
Finalmente dio la espalda a la salida de la cueva, para acercarse al fuego.
- Pon a calentar agua - ordenó al pelo verde, mientras rebuscaba algo entre las ascuas del fuego anterior.
Axel bufó antes de obedecer, colgando sobre el fuego una rudimentaria olla de cuero de animal. La rellenó de agua y espero que hirviera.
Mientras tanto, Nao se había acercado a la entrada de la cueva, examinándola.
- ¿Qué vas a hacer? - preguntó Aeryn con curiosidad. El licántropo giró una oreja en su dirección, terminando de estudiar el agujero antes de volverse hacia ella con una ceja levantada. Ella le sostuvo la mirada, con los ojos brillando de sana curiosidad.
Nao parecía estar debatiéndose entre decirle la verdad o no.
- Voy a levantar una barrera de protección - explicó finalmente. Aeryn soltó un suave "Aahh" antes de preguntar de nuevo.
- ¿Cómo vas a hacerlo? ¿A parte de ser un licántropo, eres un brujo?
Nao bufó.
- Soy un Guardián - replicó con retintín -. Mi familia lleva generaciones cuidando del Gran Templo Tierra y por eso desarrollamos cierta capacidad para alejar malos espíritus o presencias demoniacas débiles.